domingo, 26 de agosto de 2012

Quiero la cabeza de Alfredo García (Bring Me the Head of Alfredo Garcia - 1974)


De la ambición a la venganza

Quiero la cabeza de Alfredo Garcia (Bring Me the Head of Alfredo Garcia, EE. UU. / 1974) Dirección: Sam Peckinpah. Con Warren Outes, Isela Vega, Robert Webber, Gig Young, Emilio Fernández, Kris Kristofferson. Historia: Frank Kowalski y San Peckimpah. Guión: San Peckinpah y Gordon T. Dawson. Fotografia: Alex Phillips Jr.. Edición: Dennis Dolan, Sergio Ortega y Robbe Roberts. Música original: Jerry Fielding. Dirección de arte: Agustín Ituarte. Productor: Martín Baum. Duración: 112 min.


Si tenemos que hablar de violencia en el cine sin duda uno de los primeros directores a los que mencionaríamos sería a Sam Peckinpah, a lo largo de su filmografía lo ha demostrado con películas como Grupo Salvaje (The wild bunch ), Los perros de paja (Straw Dogs), La huida (The Gateway) entre otras. 

Siempre se caracterizo por dotar a sus películas de dicho ingrediente pero no ligeramente, al contrario, lo hizo inteligentemente. Detrás del relato agresivo, coexisten personajes atormentados, sufridos, donde las circunstancias en la que son participes, los llevan a emprender el camino de la ilegalidad y la agitación.
Warren Outes y Elita Vera
En el caso de Quiero la cabeza de Alfredo García, la historia se inicia en el seno de una familia ranchera con mucho dinero en algún lugar de Sudamérica con apariencia mexicana debido a que  los filmes de los años 70 cuando debían retratar la región sur de América utilizaban como locación a México, por cercanía y economía.

Retomando el relato, nos encontramos con Teresa, hija adolecente deshonrada por un sinvergüenza playboy mexicano llamado Alfredo García por el cual su ofendido padre, el Jefe, ofrecerá un millón de dólares por su cabeza, literalmente, su cráneo debe ser llevado como prueba. 

La propuesta moviliza a caza recompensas de todo el mundo, en especial, un grupo de hombres (aparentemente miembros de la mafia norteamericana) que se abocan a la tarea de cumplir con la venganza del hacendado. En su búsqueda contratan a un cantinero (Warren Outs) en un pueblo mexicano para que se encargue de hacer el trabajo a cambio de una suma de dinero.

Sin perder tiempo, Bennie, el cantinero, comienza a averiguar por el paradero de Alfredo, se dirige a un burdel que este frecuentaba cuando se encontraba en la ciudad para hablar con su prostituta favorita (Isela Vega) y obtener algo de información. Sin conseguirlo, abatido, decide emborracharse antes de irse a dormir pero, sorpresivamente, recibe la vista de Elita, la prostituta. Para el día siguiente ya sabe lo que ocurrió, Alfredo había muerto en un accidente de auto y debía ir a decapitar el cadáver en busca de su valiosa recompensa al pueblo donde se encontraba enterrado.

Junto con Elita, a la postre su amada y quien tratara de convencerlo de abandonar la tarea, cegado por su ambición, emprende el viaje con la esperanza de obtener la fortuna que le permitirá concretar todos sus planes. Al llegar a destino, se prepara para hacer su trabajo pero las cosas no resultan como lo esperaba, emboscado, despierta semienterrado en la tumba del playboy junto a su amante ya sin vida.
 
Arrepentido de haber hecho caso amiso a las recomendaciones de Elita, su furia hace que emprenda un violento raid en busca de los asesinos para recuperar lo que había ido a buscar. Ya con su putrefacto botín y convencido, solo como excusa, de poder ganar mucho más dinero del que le ofrecían parte hacia Sudamérica donde buscara venganza.

Peckinpah, como nos tiene acostumbrando, toma a un ciudadano común, sin pretensiones, cantinero en un lejano pueblo de México y lo convierte en el antihéroe perfecto. Un borrachín sin ambiciones que pasa de la codicia más avara a la venganza más romántica. Estéticamente, nos lleva por todas las texturas, desde las lujosas locaciones del DF a los pueblos y aldeas más miserables del interior, los contrastes más brutales pasan por el lente de su cámara. No fotografía solo violencia, muestra un personaje vulnerable, enamorado, celoso que se transforma ante la pérdida y decide arremeter contra aquellos que lo despojaron.

Técnicamente, el director se vale de la cámara lenta para las escenas de acción, recurso muy utilizado en el cine de esa época cuando los realizadores, visualmente, querían imprimir acción extrema a la secuencias. Perfectamente, podríamos decir que la película es una alegoría al western clásico, encontramos todos los ingredientes, el ingenuo, los malos, la chica de dudosa reputación enamorada, los largos viajes, los pueblos polvorientos, las armas junto a la dosis de violencia más descarnada, realista, a veces hasta exagerada con muertos por doquier del moderno cine de acción. 


Sin embargo, se hace notoria la diferencia en el ritmo narrativo, con una primera hora aletargada y monótona conociendo la historia y los personajes acompañada de algunas acciones inconexas e inconsistentes (porque en su búsqueda los caza recompensas dan con el cantinero), para pasar (en el momento adecuado) a una segunda parte donde se aceleran las acciones en una notoria prosecución del objetivo.

Tal vez no sea el mejor producto de este realizador pero nos permite conocer acabadamente su trabajo, al igual que cuando obtenemos, por primera vez, el registro de conducir y tenemos que salir a comprar nuestro primer automóvil, si nunca viste una película de Sam Pekinpah, esta puede ser la primera.

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